martes, 22 de mayo de 2012

Capítulo 7


Me froté los ojos para poder verlo con más claridad. Me senté en la cama aún dormida. Miré a Kiyoshi y me quedé embobada, pero en ese momento me miró de reojo y yo enseguida aparté la mirada de golpe sonrojada. Al ver esa reacción sonrió y volvió a mirar el televisor.
- ¿Qué estas mirando?
- No estoy seguro, solo veo que esa mujer rubia no para de gritar a toda la gente del plató, me duele la cabeza de tanto escucharla. – Apagó la televisión.
Me reí.
- Ese es el programa más basura que puedes ver, no se porque te gusta tanto. – Me levanté de la cama.
- Kiyoshi tengo que ir a comprar, así que quédate aquí quietecito y no toques nada. – abrí la puerta para irme.
- Espera yo boy con tigo.
- Como quieras.
Salimos de casa y nos dirigimos al supermercado, al llegar a la entrada me fijé que Hiro estaba en unos metros más lejos de la entrada. Lo miré, y él me volvió la mirada y se sorprendió al verme con Kiyoshi. Entramos a la tienda.
- Esto es impresionante. – Dijo Kiyoshi asombrado.
- Como si fuera la primera vez que vienes. – le dije sarcástica cogiendo un cesto.
Miré a Kiyoshi, que agacho la cabeza y la giró hacia el otro lado avergonzado. Me dí cuenta de que metí la pata.
- ¿Lo es?
Kiyoshi asintió.
-¿Nunca has ido a comprar? – De mientras caminábamos por los pasillos.
- No, siempre va mi mayordomo o las doncellas. – Mirando las estanterías.
- Oye Kiyoshi, ¿Tú alguna vez sales de casa?
- SI, pero no suelo salir mucho, solo salgo cuando tengo cosas fuera de allí.
Que extraño se me hacia oír a una persona que nunca sale de su casa. Pero lo dejé estar, porqué a lo mejor volverá a meter la pata. Al salir al supermercado alguien me agarró del brazo. Me giré para pegarle con la bolsa de la compra, pero me detuve al ver que era Hiro.
- ¡Suéltame!- me solté de su agarre. ¿Se puede saber que quieres?
- Tenemos que hablar. – Dijo muy serio.
- Ah y ahora me quieres hablar, pues lo siento estoy muy ocupada. – y me giré hacia el otro lado.
Me volvió a agarrar el brazo y me arrastró hacia él. Kiyoshi miraba con un rostro indiferente.
- Un momento, espera aquí. – Le dije a Kiyoshi antes acabar arrastrada por Hiro.
Nos alegamos unos cuantos metros de Kiyoshi, Hiro no quería que él nos escuchara. Esto ya me comenzaba a cansar.
- ¿Qué demonios quieres?
- ¿Qué estás haciendo con él? – su tono de voz era diferente al que solía hacer.
- Nada que a ti te importe.
- No quiero que estés cerca de él.
- ¿Porqué tu lo digas? – le dije enfurecida.
- Hazme caso, es peligroso que estés con él.
- ¿y desde cuando te tengo que hacer caso? ¿Es que siempre tengo que hacer lo que tú digas?
- ¿Tienes algún problema? – dijo Kiyoshi de repente.
- El problema eres tú. ¿Por qué no te vas a tu casa y nos dejas en paz? – Gritó Hiro a Kiyoshi.
-¿Te sientes amenazado? – hizo una sonrisa malvada. – Das lastima. Vamos Umiko, aquí no tenemos nada más que hacer.
Kiyoshi me rodeó con los brazos apoyándose en mis hombros, y le miró con una sonrisa triunfante.
Hiro molesto crujiendo los dientes, se puso las manos en los bolsillos y se marchó.
Cuando estábamos a medio camino suspiré:
-¿Por qué Hiro se comporta como si fuera un crío? Es muy molesto.
- Le da rabia que esté con tigo, tiene celos de mí.
- ¿Celos te ti? ¡Pero si me comporto con los dos igual!
- ¿Pero aun así me prefieres más a mí no?
-¡NO PREFIERO A NINGUNO DE LOS DOS! ¡SOYS TODOS UNOS PESADOS! – dije indignada.
- Di lo que quieras. – me miró con una mirada asesina.
- ¡Kiyoshi no seas así con migo! – Repliqué indignada.
Llegamos a casa y me puse enseguida a preparar la comida. Le pregunté si quería comer pero no quiso. Como lo vi un coco aburrido decidí enseñarle mi portátil. Es aquí donde creo que metí la pata asta el fondo.
- Un ordenador. – me dijo, mirando lo que llevaba en las manos, muy poco entusiasta.
- Si,  es un portátil. Con él puedes hacer diversidad de cosas. Puedes escribir, jugar, navegar por Internet…
- Se lo que es un ordenador Umiko. – Dijo frunciendo el ceño.
- Bueno, toma así no te aburrirás tanto en la espera. – Le dije con una sonrisa falsa.
- Tranquila no me aburro, todo esto es muy interesante. – Respondió sorprendido.
- Insisto. – Cogí el portátil con intención de ponerlo en la mesa.
- Dije que no quiero este trasto. – lo apartó con las manos.
- ¡Pero si no lo has probado! – Intenté colocarlo en la mesa pero él no paraba de apartarlo con las manos con fuerza a si que al final se rindió.
- Agh… está bien… si de esta manera te callas y me dejas tranquilo…
- A si me gusta. – Sonreí
- Oye ni que fuera un perro, eso lo será tú amigo, que queda muy bien. – dijo borde.
- Vale, vale no te enfades.
- Enciéndemelo. – Dijo señalando a la computadora.
-¿Eh como? ¡Ábrelo tú solo!
Entonces me lanzó una mirada asesina.
- ¡Vale! ¡Vale!– Y le di al botón de encendido.
- ¿Eh? ¿Ya esta?
-¿Sí, que te creías?
- Nada.
- ¿Quieres que te ponga también el buscador de Internet señorito? – le dije en tono burlón.
- No hace falta ya lo se hacer yo solo. No necesito ayuda.
- Si claro… bueno si quieres algo yo estaré por aquí.
Yo me asomaba a la sala de estar para ver que hacia, era muy divertido porque no sabia utilizarlo. Vi que abrió todos los programas del ordenador, asta que al fin encontró el buscador. Como vi que más o menos ya sabía como manejarlo, lo dejé en sus asuntos, pero poco duró la tranquilidad. Al rato, comencé a oírlo suspirar y a oír golpes, me alarmé. Cuando me dirigí a la sala de estar vi  a Kiyoshi levantado discutiendo con la máquina.
- ¿Qué pasa Kiyoshi? – Pregunté preocupada.
- ¡Este maldito trasto no va!
- Tranquilízate no hace falta ponerse a si.
- Dice que no responde. ¡YO SI QUE NO VOY A RESPONDER! ¡FUNCIONA! ¡YO SI QUE TE VOY A DAR ACCESO DENEGADO PUÑETERO TRASTO! Mi paciencia tiene SUS LIMITES ¿ME OYES? ¡AH! ¡Y sin funcionar! ¡YO ME LO CARGO! ¡TE JURO QUE VA A MORIR!
Kiyoshi comenzó a darle golpes a la computadora y a apretar sucesivas veces la tecla ‘’Enter’’ a si que tuve que apartarlo de allí como pude, tenia miedo de que le pudiera pasar a mi portátil.
-¡Kiyoshi! ¡Casi lo rompes! ¡He dicho que te calmes!
- ¡Él empezó primero, maldita máquina del diablo!
- ¡Hombre si abres todos los programas no me estaña que se bloquea todo!
- ¡Y yo que sabia!
 - Eres un peligro. – Cogí el ordenador y me dirigí a la habitación.
La silla estaba mal colocada y me tropecé con ella. Me caí al suelo. Me caí al suelo con el portátil en las manos. El portátil se rompió, se podía diferenciar, en el teclado por un lado con las teclas salidas de su lugar, y por el  otro la pantalla con una fisura en el medio.
Empecé a llorar. Kiyoshi asustado, fue corriendo a ayudarme a levantarme del suelo y me hizo sentar en el sofá.
-¿Uniko estás bien?
- No… se me ha roto el ordenador y ¿ahora que hago? No se puede arreglar esta muy mal. – Dije ente sollozos.
- Te pido disculpas. Perdí la compostura, estoy apenado por ello.
- Da igual no importa… tendré que llamar a mi padre… uff se va a poner como una fiera cuando se entere. – Cogí el teléfono y marqué el número de mi padre, pero Kiyoshi me detubo.
- Yo te compraré uno nuevo.
- ¿Lo dices en serio?
- Claro, fue mi culpa que le pasara eso.
- Gracias pero no hace falta ya llamaré a mi padre.
- Te compraré el más caro.
- ¡Vale!
- Que rápido cambias de opinión.
- Pobrecito como ha acabado al final… - Dije mirando el portátil.
- Sí, al final lo has roto.
Comenzamos a recoger los trozos del ordenador y a guardarlos en una caja. Cuando acabamos de recoger todos los pedazos del ordenador, miré hacia la cocina que salía un humo negro. Me alarmé.
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH – fue corriendo hacia la cocina que estaba llena de humo.
Me tapé la boca con la camisa, para no asfixiarme con el humo y apagué el fuego y abrí la ventana. Kiyoshi comenzó a reír disimuladamente.
- ¿Se puede saber de que te ríes?
- lo que te pasa a ti, no le pasa a nadie. – dijo con un tono burlón.
- ¿Y de quién es la culpa? – dije enfadada.
- Yo no tuve nada que ver con esto.
- Claro que si, sino hubieras empezado a gritar al ordenador como un loco nada de esto hubiera pasado. Ahora me he quedado sin ordenador y comida.
- Tranquilízate yo te invito a comer y luego te compro el ordenador. – Dijo tranquilo.
- Claro como tú quieras…
Al final salimos de casa. No se como me lo montaba pero siempre que estaba con él o con Hiro acababa siempre en problemas. Me invitó a comer a un restaurante caro y lujoso de la ciudad. Aproveché para  comer todo lo que me gustaba, ya que pagaba él, pero tampoco me pasé. Añe salir de allí me quedé descansada.
-¿Ya estás más tranquila?- Kiyoshi me sonrió, y no se porque yo me sonrojé.
- Sí, gracias por haberme invitado a un sitio tan caro. – Agaché la cabeza avergonzada.
- ¿Te apetece algo más?
- ¡Un Helado!
- No te contras ni un pelo. – Se rió.
-Nos acercamos a mi heladería preferida, pedimos unos helados. El mío era de chocolate y vainilla, mientas que el de Kiyoshi de pistacho.
- ¿A que están buenos?¿ Esa es mi heladería preferida. – Le sonreí.
- Si está muy bueno, déjame probar el tuyo. – Dijo Kiyoshi acercándose a mi le dio una lamida a mi helado.
- ¡EH! ¡Mi helado! ¡No te lo comas!
- bah, el mío esta más bueno.
- ¿A ver?- probé el de Kiyoshi. –¡Aagh que asco!- lo escupí todo.-¿ Cómo puedes comer eso?
- Pues a mi me gusta.
A varios metros vi como se acercaban mis amigas Kisa y Aki , y recé con todas mis fuerzas que no nos vieran, pero resultó imposible, y al ver que me acompañaba un chico se pusieron euforias, para no decir histerias.
-¡Umiko!- dijeron las dos a coro mientas se acercaban corriendo.
-¿ Y ese chico? – Aki miraba a Kiyoshi.
- ¿Es tu novio? – Añadió Kisa.
- Que novio más guapo tienes. – Se acercó a Kiyoshi para verlo mejor. – Estoy celosa.
- Que suerte tienes eh, pillina. – Kisa me daba codazos.
- ¿Quien iba a decir que una chica como tú iba a pillar a un bombón como este?
- ¡Aki! ¿Que quieres decir con eso? – dije indignada. – Además él no es…
Kiyoshi me cogió por hombros y con una sonrisa dijo:
- En realidad no somos novios, ella no puede tener a alguien tan hermoso como yo, a pesar que de verdad lo desea…
- ¡Quita! ¿A que te refieres con eso? ¡Eso es mentira! Solo somos amigos…
- As visto Kisa, es solo un amigo… aún tenemos posibilidades.- Aki empezó a reír.
- En fin… bueno kisa, Aki este es Kiyoshi, un amigo mío. – Remarcando la última frase mirando a Kiyoshi.
- Mucho gusto. – Kiyoshi sonrío a las chicas.
- I-igualmente. – Dijeron avergonzadas.
-Bueno chicas, ¿ya hablaremos luego vale?  Es que tenemos un poquito de prisa.
- Claro, ¿Ya nos contarás eh? Que os vaya bien. Adios Kiyoshi. –Aki se despidió de él de una manera dulce.
- ¡Adiós! – Dije rápidamente antes de que ‘’él’’ pudiera decir algo. Cuando se fueron suspiré. Entonces miré a Kiyoshi. – ¿¡Se puede saber porque les dices esas cosas a mis amigas!?
- No se, bueno ¿vamos a por el ordenador o que?
- ¡Si vámonos ya!
 Entramos a la tienda de aparatos electrónicos. Esperaba que la reacción de Kiyoshi fuera algo sorprendente al ver tanta maquinaria y que se volviera loco, pero en realidad me decepcione un poco, porque él se mostró indiferente.
- ¿Dime, cual quieres?
- Me gusta ese negro, pero también el blanco y el plateado… no se por cual decidirme.
- Decide rápido yo voy a hablar con el dependiente ¿vale?
Comencé a mirar uno por uno los ordenadores pero no había ninguno que me llamara la atención.
- Kiyoshi no se cual coger.
- El plateado es el  viene equipado con un procesador Core i5 de segunda generación y un disco duro con gran capacidad para almacenar todo tu contenido multimedia. Con 4Gb de RAM y con una tarjeta gráfica nVidia GeForce con 2Gb de memoria y aparte te ofrece un alto rendimiento con lo que podrás sacarle el máximo partido a tus tareas.
- ¿Como sabes todo eso?
- Me lo ha dicho el dependiente ¿porque?
- Porque la mitad de lo que has dicho no se ni que son.
- ¿No sabes que son? esto es todo lo que tiene este portátil.
-¿Sabes todo eso y no sabes ni encender un simple portátil?
- No cambiemos de tema. ¿Lo quieres o no?
- Si si , venga cómpralo ya.
Mientras fuera de la tienda…
-¿Tío se puede saber que haces?
- Cállate, que estoy muy ocupado. –Está mirando la tienda escondido en un matorral.
- ¿A quién espías?
- A nadie… lárgate.
-Espías a tu amiga ¿eh?
- Joder tío que pesado eres. ¡Si la estoy espiando y que!
- Me muero de hambre y aquí me aburro, vamos a otro sitio.
- Como odio a ese pijo en serio, lo odio a muerte.
- Venga, vamos, Venga, vamos, Va, vámonos, venga… - Le estira de la sudadera, pero el ni se inmuta.
- Grr le odio, que confianzas tiene con Umiko, claro como esta forrado el tío le compra todo lo que quiere…
- Y tú estás pelado.
- Si tío no tengo ni para comprar pan. ¡Mieda! ¡Me ha visto el pijo! Larguémonos.
- Umiko as visto este móvil es como un portátil en miniatura.
- Kiyoshi no hace falta que me gires de golpe, ya lo se hacer sola, y si ya lo he visto, venga vámonos.
Salimos de la tienda ya era bastante tarde. Nos dirigimos para mi casa.
- Muchas gracias por comprarme un ordenador nuevo. – Estaba feliz.
- De nada, a sido un placer, por tantas molestias que te he causado.
- ¿Cómo puedo agradecértelo?
- Con que te haya gustado es suficiente.
- No, lo digo en serio como puedo agradecerte lo del ordenador y que me hayas invitado a comer?
- Bueno si insistes… - Se puso a pensar. – Ah ya se.
- ¿Cómo?
- Mañana te volveré a ir a buscar. Considéralo una segunda cita. – Sonrió.
- ¿Eh? ¿Bueno vale a que hora?
-  ¿A las 15:30 te va bien?
- Si, perfecto.
Entonces cuando llegamos Kiyoshi no paraba de mirar de lado a lado como si buscara algo.
-¿Kiyoshi éstas buscando algo?
- No, nada.
- Que raro eres. – Susurré.
- ¿Decías algo?
- ¿Eh? No nada, bueno asta mañana.
- Igualmente. – Sonrió.

sábado, 19 de mayo de 2012

Capítulo 6


Intenté distraerlas por todos los medios posibles, pero no había manera, eran muy cabezotas. Sólo había una manera, pero antes miré mi cartera, para comprobar si llevaba suficiente dinero.
- Os invitó a comer Kimchi*.   ( Comida asiática)
Las tres saltaron de golpe cuando oyeron la palabra ‘’invitar’’ como solían hacer de costumbre.
- ¡Vale! – Dijeron eufóricas.
- Mira que rápido se les ha olvidado el tema. – Susurré.
- Venga a que esperas Umiko. – dijo Kisa.
Cuando me fijé ya estaban unos cuantos metros más alejadas de mí a si que me apresuré para alcanzarlas.
Estuvimos des del medio día asta la tarde con ellas, y cuando ya oscureció nos fuimos cada una a su casa. Me senté en el sofá y me puse a pensar.
¿Por qué Hiro me mintió? ¿Por qué los atacaron? La verdad no entendía como Hiro pudo hacer algo así. Esperé hasta media noche, porque sabía que nadie estaría en la calle. Fui al mismo sitio de antes. Comencé a investigar, pero no encontré nada. Entonces comencé a oír unos ruidos de las copas de los árboles.
- Mira quien tenemos aquí, la amiguita de Hiro. – Era el chico que estaba antes con Hiro.
- ¿Quién eres tú?
- ¿ Ryosuke Se puede saber que hace una chica como tú en un lugar como este?
- He venido a deciros que como volváis a atacar a gente inocente me veré obligada a echaros de aquí.
- ¿Y tú nos lo vas a impedir?
- No me pongas a prueba Ryosuke.
Entonces con unos ágiles movimientos me tumbó al suelo.
- ¿Y tú nos vas a echar de aquí? ¡Qué gracioso!
- ¡Como te atreves! Me las vas a pagar!
Comencé a correr hacia él para pegarle, pero lo esquivó y me empujó por detrás. Era demasiado rápido y no podía contraatacarle. Me hizo contres en las piernas y en los brazos con sus acuchilladas uñas. Cuando dejó de moverse cogí carrerilla y me lancé encima de él para darle una parada. Le di en la cara, y esté se cayó al suelo de golpe.
- ¿Ah pero que haces?- Dijo al intentar levantarse.
No soy tan débil como te crees tú. Vuelvo a insistir, marchaos de aquí.
- ¿Que pasa si no lo hacemos?
- Que moriréis todos.
Comenzó a reír a carcajadas, como si se tratara de una broma, pero yo hablaba muy en serio, juré que si no se marchaban de aquí acabaría con todos ellos, como cazafortunas que soy. Al final consiguió que saliera mi lado más oscuro. Estaba muy enfadada, pero consiguió enfurecerme cuado soltó esa estúpida frase: Vosotros, los humanos, sois tan inútiles, que la única manera de que el mundo mejorase para bien es que murierais todos. Entonces me fui corriendo hacia él y le di un rodillazo en el estomago. Él al acto se quedó sin aire y escupió un poco de sangre, quedándose de rodillas, con una mano apoyando el suelo, y la otra en su estomago. Entonces le agarré del pelo. Pero alguien agarro mi otro brazo.
-¿Umiko que estás haciendo? ¡Suéltale!
Le ignoré.
- ¡Suélale, Umiko suéltale!
Entonces le solté a regañadientes. Entonces Ryosuke se levantó y me sonrió con una sonrisa triunfadora. Al verle quise volverle a golpear, pero Hiro me volvió a parar en seco.
- Cálmate.
- Como se atreve, le odio… ¡Os odio!- dije entre sollozos.
Entonces me agarró por los hombros y me giró hacia él. El se acercaba más y más, con el propósito de besarme. Veía como su cara de acercaba. Entonces al acto repentino, hice lo que hice.
Le dí una bofetada. Hiro me miró decepcionado y confuso.
- Lo siento no era mi intención pegarte. – Le dije arrepentida, pero no era de las personas que se dejan hacer lo que quieran, él siempre se lo tomaba todo de broma, sin importarle como me sentía yo.
- Ah, vale, da igual, tío vámonos. – dijo mirando a Ryosuke. No le hizo ninguna gracia que le pegara.
Entonces sin dirigirme la mirada, comenzaron a caminar y a darme la espalda. Cada vez se alegaban más entonces les grité para llamarles la atención.
- ¡Hiroki!
Se detuvo. - ¿Qué quieres?
- Esto… no te enfades, ¿somos amigos no?
- Claro que no me enfado, somos amigos…
Hubo un gran silencio.
- ¿Quieres que te acompañe a casa?- Dijo al fin.
- Si, vale…
En todo el camino ni yo ni los chicos nos dirigimos la palabra. Era una situación muy incomoda, porque ninguno de los dos sabia que decir.
Cuando abrí la puerta del portal de mi casa, me despedí cobardemente, pero él no me respondió, el siguió caminado sin detenerse.
Me tiré en la cama deprimida. Hiroki nunca se podía tomar las cosas en serio, siempre estaba de broma. Esto me irritaba mucho. ¿Pero a caso lo de hoy iba en serio? ¿A caso sentía algo por mí? I lo más importante ¿Yo sentía algo por él? Cada día tenía un problema distinto. Y cada día tenía un montón de preguntas sin responder. Decidí ponerme música, la cual con las melodías melancólicas, me ponían mas triste, pero al final me dormí.
Ese día me levante muy temprano. No tenia ganas de dormir más. Volví al parque i me senté en un columpio, y mientras pensaba, me balanceaba lentamente y al mismo tiempo no paraba de suspirar. De repente alguien paró mi balanceo. Me giré asustada.
-¡¿Kiyoshi!?¿Se puede saber que haces tú aquí?- sobresalté del columpio.
- No sabía que vivías tan legos, te busqué por todas partes.
- ¿Me buscases? Que gracioso. – Dije sarcástica.
- Sí, te pido que vuelvas otra vez.
- No puedo, este es mi hogar aunque no me guste.
- Pues te secuestraré otra vez.
- ¿¡Como que ‘’otra vez’’!?
- ¿Si te llevé cuando estabas herida, recuerdas?- me dijo mirándome de arriba a bajo de una manera fría.- Por lo que veo vuelves a estar herida. Que niña más problemática eres.
- Ah, si, soy de lo peor… - suspiré de nuevo volviendo a sentar en el columpio.
Kiyoshi miró a su alrededor.
- Esta ciudad es muy diferente al pueblo que yo vivo, es un poco estresante, ¿ no te parece? Tanto ruido y tanta gente…
- ¿No te gusta la ciudad?
- La verdad es que no.
- Pues aquí hay muchas cosas que en aquel pueblucho. Hay parques, centros comerciales…
- Ah, bueno creo que me voy a ir ya.
- ¿Eh? ¡Kiyoshi espera!
-  Oye Umiko, ¿sabes donde puedo hacer una llamada?
- ¿Uh?... Bueno puedes llamar con mi móvil…- comencé a tocarme los bolsillos de una manera cada vez más exagerada.
- ¿Qué sucede?
- ¡OH no Kiyoshi! ¡Me he dejado el móvil en casa! – Dije estresada.
- Bueno pues vamos a tu casa.
Entonces le agarré del brazo y le lo llevé corriendo hacia mi casa. Cuando llegamos a la puerta del portal, Kiyoshi se quedo abrumado.
- ¿Esta es tu casa? – Dijo señalando de una manera repulsiva.
- ¿ Sí, le pasa algo?... las llaves…las llaves…¡ AH NO ME LO PUEDO CREER! ¡TAMIBIEN PERDÍ LAS LLAVES!
Comencé a registrar los bolsillos de la falda pero no las encontré. Al final de tanto buscarlas, me deje caer al suelo de rodillas. Kiyoshi se acerco a mí y se agachó.
- ¿Es esto lo que buscas? – Y me mostró las llaves delante de mi cara.
- ¡Sí, Sí es esto! – Dije eufórica.
- Eres un desastre.- Dijo levantándose rápidamente.
- Si, Si lo que tu digas. – le contesté contentísima, fregándome las llaves por mi cara como si fuera algo de valor.
Entonces entramos a mi casa. Kiyoshi estaba muy agobiado.
- Estás bien? – le pregunté preocupada.
- Si, ¿pero tú de verdad vives en este sitio, tan pequeño?
- Si, lo siento no es tan grande como tu casa. – Dije molesta. – Es un poco pequeña. – Añadí.
- ¿Un poco? ¡Es claustrofóbico esto!
- Que señorito eres.
Lo conduje a la sala de estar. Él inspeccionó la sala con una mirada. Luego se sentó en el sofá.
- Espera aquí voy a por el móvil. ¿Quieres que te traiga algo?
- No gracias. ¿Tú habitación está en el piso de arriba?
- Sí, porqué lo preguntas.
- Porque me gustaría verla.
- Emm, bueno cale espera un rato que arreglo algunas cosas.
Fui corriendo a la habitación, si Kiyoshi veía el cuarto con estas condiciones le daría un ataqué que se moriría del susto. Estaba muy desordenada. La cama sin hacer, los cojines tirados, la ropa amontonada en las sillas y en el suelo, papeles, pañuelos, en fin echa un desastre. Solo tenía unos minutos para arreglarla. También podía haber optado por decirle que no a Kiyoshi, pero se me hubiera puesto muy pesado, y al final hubiera visto el cuarto de todos modos. Comencé a poner el montón de ropa como pude a presión en el armario, hice la cama, tire los papeles y los pañuelos a la papelera y el resto lo tiré debajo la cama, para que no se viera. Nunca había arreglado la habitación tan rápido, hice un tiempo record.
Volví a bajar al salón, y lo vi mirando la televisión.
- Si que as tardado.
- Si lo siento es que no lo encontraba. ¿Qué estás viendo?
- Pues ni idea, es un programa muy extraño. El presentador le hace unas preguntas a  una mujer, y esta comienza a negar todas las preguntas que le hace, y le grita diciendo que es mentira, y al final esta comienza a gritar y a insultar a todos los miembros del plató.
- Kiyoshi eso es tele basura.
- Sin duda, es una basura, porque no entiendo los chistes.
- Que chiste Kiyoshi, eso no tiene nada de gracioso… bueno da igual toma. – le entregué el móvil a él.- ¿ A quién tienes que llamar?
- A mí mayordomo, me tiene que ir a buscar.
- ¿No puedes ir tú solito a tu casa?
- no se volver, me he perdido.
- ¿Te has perdido? ¿Y ahora quién es el desastre eh?
-¡Oye y que culpa tengo que esto sea tan enorme! – Dijo avergonzado.
- Es que alguien como tú le pase eso… - Continué picándole.
- Que alguien como tú pierda las llaves de su casa si que tiene delito. – Contraatacó.
- ¡Vale, vale tú ganas!
- bah no contesta. Como me tengo que quedar aquí un buen rato iré a ver tu habitación.
- ¡Oye Oye! ¿Pero que té ha dado ahora con mi cuarto? Que sepas que es mucho más pequeño y agobiante…
- Bah, ya me he acostumbrado.
Subió a mi cuarto antes que yo. Lo miraba todo y me sentí un poco incomoda y avergonzada, no me gustaba que mirara tanto mis cosas.
- Esta es la parte de la casa que más me gusta.
- Gracias, esta un poco desordenada por eso. – Mentí.
Él se sentó en mi cama.
- ¿Estás sola en tu casa?
- Sí, mis padres hacen muchos viajes de negocios y la mayor parte del tiempo están fuera.
- ¿te sientes sola aquí?
- Un poco pero ya me he acostumbrado.
- Entonces no somos tan diferentes ¿no?
- Si… - Me senté a su lado.
Él se apartó para déjame espacio y me colocó de manera que mi cabeza se acostara en la cama. Me comenzó a acariciar asta que al fin me quedé dormida. Cuando desperté le vi mirando el televisor otra vez.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Capítulo 5

A Hiro le sangraba el pecho y tenia pequeñas herida en los brazos. Lo acosté en mi cama, le cure las heridas y le puse varios vendajes. Cuando se dormía parecía otra persona, incluso siendo él, parecía una persona amable y buena, como un ángel. Me fui de la habitación sigilosamente, para que Hiro no se despertar y pudiera descansar. Mi ropa estaba toda manchada de sangre al igual que mis brazos y piernas. Entre en el cuarto de baño. Me duché y me cambie de ropa. Después cogí toda la ropa manchada de sangre, incluyendo la de Hiro, y la puse dentro la lavadora. Me tiré encima del sofá, y me tape los ojos con el brazo. No podía sacarme esa horripilan te escena de mi cabeza. Intenté dormir, pero me resultó imposible, esa escena rebotaba en mi cabeza, al igual que una pelota contra una pared. Me levanté del sofá, y me dirigí a la cocina. Cogí un vaso de agua, que me lo tome de un solo trago. Tenía que pensar en otra cosa, así que me volví a sentar en el sofá, puse los documentos de mi "móvil" encima de la mesa de café. Empecé a mirarlos otra vez, y finalmente me quede dormida.
 Me desperté, a causa de los rayos de sol que me daban en los ojos, abrir los ojos con dificultad, me levante y abrir las cortinas de golpe, que casi me quedó ciega a causa de la luz. Me acerque a la habitación, y abrir la puerta con cuidado. Hiro seguía dormido. Me acerque a él, le cambie los vendajes, con cuidado para que no se despertase y lo abrigue con la manta, para que no pillara frió. Salí de la habitación. Me fui a la cocina, desayune y me prepare, para salir en busca de mi objetivo principal. Le dejé una nota a Hiro para que no se preocupara por mí. Subí al metro para dirigirme al lugar. Al llegar fui a la dirección que marcaba en una hoja, pero para llegar a las centrales nucleares, primero debía travesar un bosque bastante espeso y oscuro.


-Porque todos se esconden en sitios tan terroríficos- suspire y me adentre en el bosque.


Ese sitio no era tan terrorífico como pensaba, era un sitio bastante tranquilo, aun así asustaba lo suyo. Oí un ruido, y me sobresalte.


-¿Quien anda allí?- dije temerosa.


Un búho salio de la nada, sobre volando mi cabeza.


-Pero si solo era un búho-pensé.


Me gire para volver a remontar mi camino, pero estaba allí plantado delante mio.


-¡Aaaaah!- me asusté-Pretendes matarme de un infarto o ¿que?


-Que mala eres. Dejándome solo dentro de una habitación de una chica. No te vas a librar de mí tan fácilmente.


-No me digas que...Eres como la peste de una vaca, nunca se liberaran de ella.


-Jollín, ¿porque tenias que poner precisamente ese ejemplo? ¿Insinúas algo?


-Tu ropa huele a muerto.


-Bueno, venga vamos por lo que estamos. ¡A por ese friki!


-¿Como que "vamos"? Te recuerdo que por tu culpa no paro de tener problemas.


-No sobrevivirías un día sin mí.


-Dime, ¿porqué siempre acabamos igual?- dije cansada.


-Por que me preocupo por ti, y no quiero que e pase nada- dijo mientras me ponía el brazo sobre los hombros.


-¡Quita estorbo químico!- me aparte de él.


-¿Porque eres tan mala conmigo?


-Ya sabes la respuestas...-me gire, y empecé a caminar.


Hiro empezó a seguirme. Llegamos al frente de una valla, detrás de ella estaban las centrales eléctricas.


-¿Estarán electrificadas?-Hiro se acerco.


-No lo se, vamos a probar- cogí a Hiro por el brazo.


-Oye, ¿que haces?


-Voy a probar a ver si están electrificada- lo lancé contra la valla.


Entonces se giro rápidamente, se puso detrás mió y me acerco a la valla.


-¿Seguro que quieres probar si lo esta?-me empujo cerca de la valla, asta el punto de que casi la rozaba.


-¿Sabes que te odio?-dije enfadada.


Entonces se acerco a la valla, y la toco.


-Ves, no pasa nada. -dijo con esa sonrisa odiosa.


-Ya veras como no pasa nada -levante la mano, y empujé la cabeza de Hiro contra la valla.


-¡Ai!- grito de una manera burlona.


-Creo que esa marca de la valla en tu cara, te queda muy bien, pareces mas geométrico y todo-reí.


-Parezco idiota. -rechistó.


-No lo pareces, lo eres. -remarqué.


Entonces salte la valla, y fui en busca del científico, pero ni rastro. Los buscamos por todos sitios donde se podía acceder, pero ni rastro de ese hombre. Al final nos cansamos de buscarlo, así que nos fuimos de allí.
Volvimos a mi barrio, dimos una vuelta y volvimos a mi casa. Estábamos muy aburridos. Yo miraba los documentos para ver donde podía encontrarle, pero nada.


-Bah, no hay nada en la tele- dijo Hiro sentado en el sofá, como Pedro por su casa-Oye, ¿que pelis tienes?


-Mira en ese armario.- le señale el armario.


Se dirigió al armario, y empezó a rebuscar. Al cabo de 5 minutos...


-Ya las he visto todas.- refunfuño.


Se sentó en el sofá. 5 minutos mas tarde...


-Tengo hambre...tienes algo para picar


-Ve a la cocina, seguramente habrá algo-dije un poco molesta por sus quejas.


Se dirigió a la cocina, y volvió a salir de allí.


-Tengo sed...


-Pues si abres el grifo saldrá agua, solo tienes que coger un vaso y beber- ya me cansaba.


Después de estar en la cocina, vete tú a saber que hacia, se volvió a sentar al sofá.


-Necesito ir al baño, pero no tengo ganas de levantarme...


Finalmente se levanto mientras yo lo observaba de reojo, entro en el baño.


-¿Es que no piensa irse nunca?- pensé mientras suspiraba.


Salió del baño y se volvió a tirar en el sofá como un perro. Al cabo de 20 minutos mas tarde...


-Me aburro...hacemos algo para divertirnos...


Me canse de sus tonterías.


-Umiko...


-¡Ya vale! Estoy cansada de tus repentinas quejas cada 10 minutos- dije cabrada- ¿Que te crees que estas en tu casa?


-Si...


-Como estas en tu casa...-lo agarre del brazo, lo eche al balcón y cerré la puerta.


-¿Que haces?- intento abrir la puerta.


-Al balcón como los perros, hasta que te calmes-cerré las cortinas.


Me senté al sofá, ahora todo estaba muy tranquilo, ya no se escuchaban sus repentinas quejas. Al cabo de 20 minutos me levante y me dirigí al balcón. Abrir la puertas, para dejarlo entrar...pero ya no estaba, cosa que me extraños, pero no le di importancia. Me dirigí a mi habitación, pero allí estaba Hiro, encima de mi cama, comiendo mis preciados mikados.


-¿Como has entrado aquí?-le lancé una mirada asesina.


-Por la ventana...-seguía comiendo los mikados.


-¿Están buenos mis mikados?-estaba cabrada, se había pasado de la ralla.


-Si, están muy buenos. -dijo tranquilamente.


Lo cogí por el cuello y lo estampe contra la pared.


-Los mikados son sagrados en esta casa.


Entonces empezó a sonar un móvil, mire al mió, pero resulto ser el de Hiro.


-Es el tuyo-le dije vacilona.


Entonces fue corriendo hasta la sala, pero cuando lo cogió ya habían colgado.


-¿Quien era?-le dije curiosa.


-Ni idea, sale un número muy raro.


-Ay si, un número rarísimo que extraño...


-Me parece que es el número de alguna cabina de teléfono. Quien en su sano juicio usa una cabina de teléfono... ¡Oh no mierda! ¡Voy a morir!


-Hiro no entiendo nada de lo que dices... ¿Se puede saber quien te ha llamado?


-Beh...Se habrán equivocado.


Al cavo de un rato volvió a sonar. Entonces esta vez lo cogió. Por la expresión de su cara, parecía algo importante, cuando acabo de hablar se preparo para marcharse.


-¿Donde vas?


-La banda me llama, me voy ya.


-Estás herido, no te aconsejo que vayas.


-Tranquila volveré, no hace falta que me esperes.


 Pasaron hora y horas, pero al final no apareció en todo el resto del día, ni siquiera la día siguiente. Se me hacia raro ya que siempre estaba cerca molestando, y ahora al estar ausente estaba todo mas tranquilo, pero también muy solitario. Me hizo preocupa un poco.
 Decidí ir a dar una vuelta por el barrio, y me encontré con unas amigas del instituto. Me quedé a hablar un rato. Solo conocía a Kisa y Akiko que era con las que siempre quedaba para ir a comer y para pasar un rato divertido. No quedaba con ellas, desde que empezaron las vacaciones. También había una chica que se llamaba Neru, que la conocía de vista pero nunca hablaba con ella.
 Ellas me comentaron que esta noche había una fiesta en el centro de la ciudad, y me invitaban a ir, pero al principio no tenia planeado salir por la noche, pero al final me anime y salí con ellas.
Fuimos a un lugar abierto, parecía un parque pero no preste mucha atención a eso. Yo ni siquiera sabía quién había organizado la fiesta. Entube hablando con mucha gente, pero no recordaba a ninguna. Solo a Neru, que estuve un buen rato escuchando sus penas por culpa de los hombre. Al cabo de un rato todo se revoluciono un poco. Los chicos parecían que se aburrían así que empezaron a beber. Al cabo de unas horas estaban todos muy mal, incluso yo. Yo solo probé un poco, pero era una bebida tan fuerte, que me hizo sentir muy mal, como mareada. A ese punto yo ya lo veía todo borroso. Recuerdo que nos detuvo la policía, tuvimos que dar explicaciones y por unas extrañas causas, al final acabe con Akiko y Neru, en casa de Kisa. La verdad que aquellas dos no las vi en toda la noche pero me dijeron lo que ocurrió, se ve que dos o tres personas acabaron ingresadas en el hospital.


-Bueno ya les esta bien por pasarse con el alcohol-dijo Kisa.


-En realidad no les han ingresado porque hubieran bebido mucho, sino por otra cosa-dijo Akiko.


-¿A que te refieres?-gritamos todas.


-Me refiero a que todas las victimas tienen algo en común. Todos están hemofílicos.


-¿Cómo?


-Chicas, me refiero a que tienen una insuficiencia de sangre.


Eso me choco mucho, insuficiencia de sangre. Solo había una cosa en el mundo que podía causar eso. Vampiros.


-Chicas, me tengo que ir-dije apresurada


-¿Cómo? ¿Porqué?-dijeron al unísono.


-Tengo cosas que hacer, mañana temprano-mentí-Pero podemos quedar otro día. -Me levante.


Me fui de allí corriendo a toda prisa, corría a toda prisa, era de noche y llovía. Solo podía pensar en esos chicos, muchas preguntas me venían a la cabeza. ¿Y si habían sido mordidos por vampiros? ¿Por la banda de Hiro? ¿Hiro podía ser capaz de haberles hecho esos a chicos inocentes?
Aunque Hiro era capaz de muchas cosas, no era capaz de hacer daño a gente inocente ¿o si? En ese momento mi cabeza daba vueltas, demasiados pensamientos, preguntas sin resolver, no podía pensar con claridad. Cada vez me encontraba peor. Me apoye de espaldas a un árbol que tenia cerca. No había nadie en la calle, pero era de esperar, de noche y con esa lluvia, que tarado saldría, a espera, yo. La cabeza me daba vueltas, y me costaba respirar, empecé a verlo todo borroso. Lo último que recuerdo, es que una figura oscura se acercaba a mí.


-¿Quien eres? ¿Que quieres?-dije aterrorizada.


No me dio tiempo a escuchar su respuesta, que me desplome en el suelo.
Me levante en el mismo lugar que esa noche. Deberían ser entre las cinco y las seis de la mañana porque ya empezaba a aclararse el día. Entonces me levanté y oí un ruido que provenía de los árboles. Como me extrañe por el ruido comencé a zarandear uno de los árboles. Entonces cayó algo con un sonido muy fuerte. Me asusté.


-¡Auch!...Eh...¿Cómo? ¿Ya es de día?


-¡Hiro! Se puede saber ¿que haces aquí?


-Pues dormir como tú...


Entonces lo cogí por los hombros y lo empecé a sacudir.


-¿Se puede saber porque hay personas en el hospital por falta de sangre?


Entonces me miro extrañado.


-Pero que dices, yo no he tenido nada que ver.


-¡Mentiroso!


-Lo digo en serio ¿verdad chicos?


Entonces salieron un montón de personas de la copa del árbol. Sabia que el árbol era grande, pero me sorprendí mucho al ver tanta gente.


-¿Quien es tu amiga?-dijo uno de ellos.


-Mierda, tienes que irte.-dijo Hiro empujándome.


-¿Qué? ¿Por qué?


-¡Porque si! ¡Corre!


Entonces me fui de allí. No entendía nada. Estaba segura que ellos tenían algo que ver con el incidente de aquella noche. Entonces me dirigí al lugar de los hechos. Me encotre con Akiko.


-¿Akiko que haces aquí?


-Ayer paso algo muy raro. No lo recuerdo muy bien, pero si recuerdo que vi a personas muy extrañas, como demonios. Supongo que bebí demasiado y vi cosas raras, pero fue tan real...Uno de ellos se acerco a mi para hablar y todo...


-¿Recuerdas quien?


-Si, era un chico con el pelo teñido de blanco con reflejos azules, creo.


-Seguro que son de esas bandas violentas, dicen que actuaran esta noche-Dijo Kisa al oír la conversación.


-Iremos a investigar- Akiko


Yo más o menos sabia lo que planeaban los de la banda, y no podía permitir que mis amigas acabaran heridas por culpa de ellos, Así que intente convencerlas para que se olvidasen del asunto, porque eran demasiado poderosos. Era mejo que lo investigar yo sola por mi cuenta. Solo sabia una cosa, Hiro me había mentido.