Al día siguiente
no encontré ni el señor Kiyoshi ni a hiroki en todo el día. Me dediqué a mirar
como trabajaban las doncellas y a leer libros.
Los libros de
Kiyoshi eran un tanto especiales, la mitad de todos ellos eran de protagonistas
que tenían alguna enfermedad que en el desenlace de la historia acababa
muriendo o sobreviviendo de esa enfermedad. Eran bastante extraños, pero como
tenia mucho tiempo libre, leí algunos.
Después de dar
vueltas por la casa me di cuenta de que mi ropa estaba sucia del barro del
jardín. Me dediqué a sacar las manchas con unos productos que había por ahí.
Pero froté tan fuerte que rompí la camiseta, y la gracia es, que se veía mucho
más la mancha. Así que le eché más producto. Al final quemé la camiseta y el
agujero mucho más grande. Como me daba vergüenza ir de esa manera cogí un
pañuelo y me lo enrollé en la cintura, pero aún se veía el agujero.
Entonces alguien
tocó mi hombro y sobresalté el mayordomo me preguntó que le había pasado a la
camiseta. No se lo quise explicar, y me fui corriendo al cuarto, asta que
apareció el señor Kiyoshi. Entonces me hizo ir al salón.
-Que les ha
pasado a tus ropas, están todas rotas.
- Sin querer les
he echado un producto y se me han quemado un poco.
-¿Y se puede
saber porqué?
- Estaban sucias.
-¿Y tan difícil
era lavarlo con agua?
- ¡Pero es que no
encontraba como abrir el grifo!
- Pero que torpe
que eres. Es tan fácil como mirar hacia abajo y darle a unos pedales.
-¡Desde cuando un
grifo se habré así!
- Pues desde
siempre. Bueno la cuestión es: ¿Como es que tu ropa estaba sucia si no saliste
de casa?
Mierda. No
sabía como explicarle que estuve en el lugar que me prohibió ir.
- ¿Esto es un
interrogatorio o que?
- Contesta.
- ¡No lo sé!
- Si lo sabes, lo
que pasa es que no me lo quieres decir.
Entonces se sentó
en su sillón.
- Espero tú
respuesta.- Dijo apoyando su cabeza con la mano.
Entonces me
estresé. Comencé a sulfurarme, y a temblar de miedo, a lo mejor se enfadaría me
mataría, o algo por el estilo. Estaba muy nerviosa, tenía mucho calor, y no
sabía que hacer, él me miraba con una mirada fija, esperando que dijera algo.
Estaba muy incomoda.
-Esto… es que
Hiroki me hizo ir, entonces yo no quería…. Entonces me obligo, entonces….
Entonces…. Entonces jardín, flores, quemar, barro y dormir.
El señor Kiyoshi
me miró con una cara extraña, no había entendido nada.
-Esto… lo
siento…je je je. – Reí avergonzada.
- bueno, no
importa. Más o menos me lo imagino. Vete a bañarte, estas toda llena de barro.
- ¿Señor, le
preparo ya el baño? – Dijo una de las doncellas.
- si, y haz que
se ponga aquel vestido.
Todos los de la
habitación sobresaltaron al oír al señor Kiyoshi.
- Señor, ¿está
totalmente seguro de eso?- Dijo el mayordomo muy impresionado.
- Si…-Dijo
bajando la vista hacia otro lado.
Entonces me
dirigí el baño con la doncella. El cuarto de baño, era muy grande y con colores
beiges y cremas. En la casa había dos o tres baños, pero se ve que fui al
preferido de Kiyoshi. La bañera era grande a si que tuve que esperar un poco,
de mientras estuve mirando la cuantidad de jabones que había allí dentro.
Cuando se acabo de llenar la doncella salió y no entré a la bañera. Estuve
pensando, como estarían mis padres, que siempre están de viaje de negocios, a
mis amigos, tan locos como siempre… Me sentía un poco sola. Para animarme
estuve un rato jugando en el agua, pero al final lo que hice es relajarme
y disfrutar el baño.
- ¿Ya estas?- Se
oyó una voz detrás de la puerta. Parecía la de kiyoshi.
-¿Eh? Aun no. –
Sobresalte del susto.
- Mira que eres
lenta. Si no te das prisa boy a entrar.
- ¿EEEH? ¡Ya voy,
ya voy!
- ¿Pero se puede
saber que haces tanto rato?- entonces oí como el pómulo e la puerta se movía.
- ¡YA ME DOY
PRISA! ¡NI SE TE OCURRA ENTRAR!- dije muy estresada y muy avergonzada, me hizo
pasar un mal rato.
Dejó de moverse, me sentí más aliviada. ¿Cuánto tiempo
hacia que estaba allí?
Cuando acabé me hicieron poner el vestido, que también era
como victoriano, y parecía del renacimiento, de color chocolate, con
tonalidades cremas y cafés. Esa un poco incomodo, porqué era muy largo, pero
era hermoso. Las doncellas me maquillaron y me peinaron, me sentía un poco
extraña, como si fuera otra persona, pero me sentía bien.
Cuando entré en el salón, todos me miraron muy
sorprendidos, incluso el señor Kiyoshi.
- Se parece mucho a Rose. - Dijo el mayordomo al señor
Kiyoshi.
- Si, pero no es ella. - Dijo con una sonrisa leve. Se
levantó de su sillón y fue directo hacia mí.
- Estás hermosa. – Dijo sonriendo.
- Muchas…Muchas gracias. – le contesté.
Él me acarició la cabeza suavemente y me agarró el cabello
y con un gesto muy noble me lo besó. Me agarró la mano con delicadeza y me
llevó a sentar en el sofá del salón.
-De verdad te pareces mucho a ella… -Murmuraba.
-¿A Rose? – Le dije curiosa.
- A sí es… Hace unos años, o siglos, cuando yo aun era un
humano, me enamoré de chica llamada Rose. Ella era una campesina que trabajaba
con su padre en una floristería. Yo iba mucho a esa floristería a
coquetear con ella, aunque ella no estaba interesada mucho en mí. Me gané su
amor regalándole muchas flores, a ella le encantaban, sobretodo las rosas
blancas. Cuando pasaron los años rose calló enferma. Intenté curarla por todos
los medios, incluso pagué a los mejores médicos, pero su estado estaba muy
débil, y me dijeron que ya no tenia cura, la única manera de que viviera más
años, y que, a lo mejor en el futuro encontraran la cura para la
enfermedad, era convertirla en un vampiro. Busqué por todas partes para buscar
un vampiro, pero cuando ya lo encontré fue demasiado tarde.
La expresión de Kiyoshi, desprendía mucha tristeza y odio.
Eso me entristecía, agaché la cabeza,
para que Kiyoshi no viera mi rostro, porqué capaz creería que me sentía mal por
él, y eso le haría ponerse mucho peor, y eso no lo podía permitir.
- Señor Kiyoshi, ¿está usted bien? – Habló el mayordomo
preocupado.
Levanté la cabeza y lo primero que vi fueron las lágrimas
que resbalaban lentamente por sus mejillas. Me sorprendió mucho al verlo así,
ya que siempre actuaba con firmeza y con elegancia, no lo olvidemos ese
detalle. No sabía que hacer, no me gustaba que hacer, además me sentía
culpable por haber sacado el tema, y haberle obligado a recordar
esos dolorosos recuerdos. Solo se me ocurría una cosa. Me levanté y lo
abracé. Vi que abrió los ojos, pero luego me abrazo por la cintura, y
apoyó su cabeza en mi abdomen. Le acaricié la cabeza, provocando un ambiente
muy calido. Finalmente Kiyoshi se levantó, me cogió la mano y la pasó por su
calido y suave rostro y le la besó dulcemente.
- Gracias…- Me sonrió.
- No… no es nada, gracias a usted. – me sonrojé.
- Umiko. – Dijo al fin.
- ¿Si señor?
- No hace falta llamarme ‘’señor’’ ni tratarme de
‘’usted’’. ¿Te gustaría ver el jardín?
- ¡Si claro! Si a ti no te importa…
- Insito. – Sonrió.
Me condujo a la entrada de la casa donde había una bonita
mesa de jardin. Se veía un bonito paisaje, muy colorido.
- ¿Umiko, te gustaría comer aquí?
- ¡Si! Me encantaría me gusta mucho comer fuera.
- Bien entonces comeremos los dos aquí.
- ¿QUE? ¿Aquí los dos a solas?
- Si, ¿Qué problema hay?
- Ya no tengo hambre.
- ¿Eh como? ¿Hace un momento te daba mucha ilusión comer
aquí y ahora no quieres?
- Prefiero dentro. –reí falsamente.
- Pues ahora comemos fuera.
- ¡No quiero!
- Lo dicho, dicho está. Ahora comeremos aquí. – Me obligó
a sentarme en una de las sillas.
Refunfuñe, pero en ese lugar se sentía muy bien, no hacía
ni frío ni calor. Se oía el cantar de los pájaros, un canto muy dulce. Se
respiraba un aire muy tranquilo. Este sitio había un par de árboles, eran
cerezos. De vez en cuando caían lagunas flores.
- Señor la comida tardará un poco. – dijo el mayordomo a
Kiyoshi.
- De acuerdo, ya te puedes retirar.
- Sí señor.
AL final me quedé a solas con Kiyoshi. Esa situación me
ponía un poco de los nervios. Miré a Kiyoshi de reojo, y vi que me estaba
mirando, eso me ponía mucho más nerviosa. Tenía que hacer algo. Finalmente me
levanté y me fui debajo de los cerezos. Me fijé que había una pareja de
pajaritos en una de las ramas. Alcé mi mano lentamente hacia ellos para
intentar que se posaran en mi mano. Conseguí que uno de ellos se colocara en mi
mano. Bajé la mano y el pajarito comenzó a cantar. Sonreí. Me giré para ver a
Kiyoshi, que me estaba mirando, con una mirada de ternura y una sonrisa amable,
yo le sonreí, al ver esto volvió bajó la mirada hacia otro lado. Volví a dejar
el pajarito a su rama. EL viento hizo que cayeran flores de cerezo. Era
hermoso. Empecé a dar vueltas sobre mi misa mientras caían las flores. Me tiré
al suelo, estirada en la hierba, cerré lo ojos, y cuando abrí los ojos,
me encontré con la cara de Kiyoshi delante mío. Me levanté de golpe.
- Lo…lo siento. – Dije sin pensar.
Se rió
- ¿Estás bien? – Dijo él.
- Si… si es solo que me he mareado de tanto dar vueltas.
- Te pareces tanto a ella, hasta haces lo mismo que ella.
– Susurró.
- ¿Decías algo Kiyoshi?
-No, nada. Me gustaría pedirte un favor.
- ¿Un favor?
- Si. Podrías sentarte apoyada en ese árbol.
- Claro.
Le hice caso. Me puso donde él quería y acomodó su cabeza
encima de mis piernas.
- ¿Qué… que haces? – me sonrojé.
- Déjame estar un rato así.
Al principio me sentí muy incomoda, pero al final le dejé.
Cerró los ojos, se quedó dormido. Le acaricié el pelo.
Entonces trajeron la comida.
-¿Uh, tú también comes?- le pregunté extrañada.
- Sí, claro, pero no es necesario que lo haga.
- ¿Entonces comes por comer?
- No, lo hago por ti, para que no te sientas tan sola.
- No hacia falta, no me importa comer sola.
- bueno, ¿que importa eso ahora? Es solo una escusa para
estar solos los dos.
Me puse colorada y me sonrojé. Al final de comer Kiyoshi
se tubo que ir a hacer unos asuntos fuera de casa y yo me quedé en el
jardín un rato más recogiendo flores silvestres.A la noche cuando me arreglaba
para ir a dormir en la habitación, Hiroki entró, como siempre, como una bala.
Él llevaba el traje de exterminador cosa que me alarmé un poco.
- ¿Ocurre algo?
- Nos vamos. – Hiroki alzó el brazo para que nos fuéramos.
- ¿A que viene eso ahora? , yo estoy muy bien aquí.
- Es peligroso, además tú tienes trabajo que hacer.
- Aún tengo tiempo no me dijo el día exacto.
- Bueno como antes lo hagas mejor. – dijo apresurado.
- Desde cuando te importa lo que haga yo con mi vida.
- Pues yo te metí en este lío y ahora yo te saco y ya
está.
- Que pasa si no me quiero ir.- le dije enfadada.
- ¿prefieres estar aquí secuestrada sin poder salir nunca
o que?
- No… ¿pero porqué te pones así ahora?
- Es imprente que estoy preocupado por ti y no quiero que
te vayas con gente indebida.
- ¿Estás celoso o algo?
- ¡NO DIGAS TONTERIAS! ¡COJE TUS COSAS QUE NOS VAMOS YA! –
dijo gritando y dio un fuerte golpe en la pared, nunca lo había visto tan
nervioso.
- ¿Que está pasando aquí? – Dijo Kiyoshi que había entrado
en la habitación enfadado.
- ¡NO PERMITIRÉ QUE LE HAGAS DAÑO A ELLA! ¡MALDITO
MONSTRO!
- Hiro… cálmate no pasa nada…
- Tranquila, yo me ocupo de esto.
- Aquí no se va nadie. – grito Kiyoshi.
- Lo que tú digas, nosotros nos vamos de aquí.
Entonces Kiyoshi enfurecido agarró el brazo de Hiroki y se
lo torció. Su mirada escalofriante de odio, hizo que sus ojos empezaran a
brillar de un rojo escarlata muy intenso. Incluso mostró los colmillos. Hiroki
con gritos de dolor, contraatacó mordiéndole el brazo. La sala acabó llena de
sangre. Kiyoshi era muy fuerte, porque con un solo gesto que hizo con la
mano, perforó el pecho de Hiroki. Era una escena muy traumática, y yo no podía
hacer nada, solo llorar y esperar a que todo acabara pronto. Hiroki herido me
tendió la mano sonriendo y nos fuimos en mitad de la batalla, Hiroki no podía
con él. Estuvimos un buen rato viajando, pero al final llegamos a mi casa.
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