sábado, 12 de mayo de 2012

Capítulo 4


Al día siguiente no encontré ni el señor Kiyoshi ni a hiroki en todo el día. Me dediqué a mirar como trabajaban las doncellas y a leer libros.
Los libros de Kiyoshi eran un tanto especiales, la mitad de todos ellos eran de protagonistas que tenían alguna enfermedad que en el desenlace de la historia acababa muriendo o sobreviviendo de esa enfermedad. Eran bastante extraños, pero como tenia mucho tiempo libre, leí algunos.
Después de dar vueltas por la casa me di cuenta de que mi ropa estaba sucia del barro del jardín. Me dediqué a sacar las manchas con unos productos que había por ahí. Pero froté tan fuerte que rompí la camiseta, y la gracia es, que se veía mucho más la mancha. Así que le eché más producto. Al final quemé la camiseta y el agujero mucho más grande. Como me daba vergüenza ir de esa manera cogí un pañuelo y me lo enrollé en la cintura, pero aún se veía el agujero.
Entonces alguien tocó mi hombro y sobresalté el mayordomo me preguntó que le había pasado a la camiseta. No se lo quise explicar, y me fui corriendo al cuarto, asta que apareció el señor Kiyoshi. Entonces me hizo ir al salón.
-Que les ha pasado a tus ropas, están todas rotas.
- Sin querer les he echado un producto y se me han quemado un poco.
-¿Y se puede saber porqué?
- Estaban sucias.
-¿Y tan difícil era lavarlo con agua?
- ¡Pero es que no encontraba como abrir el grifo!
- Pero que torpe que eres. Es tan fácil como mirar hacia abajo y darle a unos pedales.
-¡Desde cuando un grifo se habré así!
- Pues desde siempre. Bueno la cuestión es: ¿Como es que tu ropa estaba sucia si no saliste de casa?
 Mierda. No sabía como explicarle que estuve en el lugar que me prohibió ir.
- ¿Esto es un interrogatorio o que?
- Contesta.
- ¡No lo sé!
- Si lo sabes, lo que pasa es que no me lo quieres decir.
Entonces se sentó en su sillón.
- Espero tú respuesta.- Dijo apoyando su cabeza con la mano.
Entonces me estresé. Comencé a sulfurarme, y a temblar de miedo, a lo mejor se enfadaría me mataría, o algo por el estilo. Estaba muy nerviosa, tenía mucho calor, y no sabía que hacer, él me miraba con una mirada fija, esperando que dijera algo. Estaba muy incomoda.
-Esto… es que Hiroki me hizo ir, entonces yo no quería…. Entonces me obligo, entonces…. Entonces…. Entonces jardín, flores, quemar, barro y dormir.
El señor Kiyoshi me miró con una cara extraña, no había entendido nada.
-Esto… lo siento…je je je. – Reí avergonzada.
- bueno, no importa. Más o menos me lo imagino. Vete a bañarte, estas toda llena de barro.
- ¿Señor, le preparo ya el baño? – Dijo una de las doncellas.
- si, y haz que se ponga aquel vestido.
Todos los de la habitación sobresaltaron al oír al señor Kiyoshi.
- Señor, ¿está totalmente seguro de eso?- Dijo el mayordomo muy impresionado.
- Si…-Dijo bajando la vista hacia otro lado.
Entonces me dirigí el baño con la doncella. El cuarto de baño, era muy grande y con colores beiges y cremas. En la casa había dos o tres baños, pero se ve que fui al preferido de Kiyoshi. La bañera era grande a si que tuve que esperar un poco, de mientras estuve mirando la cuantidad de jabones que había allí dentro. Cuando se acabo de llenar la doncella salió y no entré a la bañera. Estuve pensando, como estarían mis padres, que siempre están de viaje de negocios, a mis amigos, tan locos como siempre… Me sentía un poco sola. Para animarme estuve un rato jugando en el agua, pero al  final lo que hice es relajarme y disfrutar el baño.
- ¿Ya estas?- Se oyó una voz detrás de la puerta. Parecía la de kiyoshi.
-¿Eh? Aun no. – Sobresalte del susto.
- Mira que eres lenta. Si no te das prisa boy a entrar.
- ¿EEEH? ¡Ya voy, ya voy!
- ¿Pero se puede saber que haces tanto rato?- entonces oí como el pómulo e la puerta se movía.
- ¡YA ME DOY PRISA! ¡NI SE TE OCURRA ENTRAR!- dije muy estresada y muy avergonzada, me hizo pasar un mal rato.
Dejó de moverse, me sentí más aliviada. ¿Cuánto tiempo hacia que estaba allí?
Cuando acabé me hicieron poner el vestido, que también era como victoriano, y parecía del renacimiento, de color chocolate, con tonalidades cremas y cafés. Esa un poco incomodo, porqué era muy largo, pero era hermoso. Las doncellas me maquillaron y me peinaron, me sentía un poco extraña, como si fuera otra persona, pero me sentía bien.
Cuando entré en el salón, todos me miraron muy sorprendidos, incluso el señor Kiyoshi.
- Se parece mucho a Rose. - Dijo el mayordomo al señor Kiyoshi.
- Si, pero no es ella. - Dijo con una sonrisa leve. Se levantó de su sillón y fue directo hacia mí.
- Estás hermosa. – Dijo sonriendo.
- Muchas…Muchas gracias. – le contesté.
Él me acarició la cabeza suavemente y me agarró el cabello y con un gesto muy noble me lo besó. Me agarró la mano con delicadeza y me llevó a sentar en el  sofá del salón.
-De verdad te pareces mucho a ella… -Murmuraba.
-¿A Rose? – Le dije curiosa.
- A sí es… Hace unos años, o siglos, cuando yo aun era un humano, me enamoré de chica llamada Rose. Ella era una campesina que trabajaba con su padre en una floristería. Yo iba mucho  a esa floristería a coquetear con ella, aunque ella no estaba interesada mucho en mí. Me gané su amor regalándole muchas flores, a ella le encantaban, sobretodo las rosas blancas. Cuando pasaron los años rose calló enferma. Intenté curarla por todos los medios, incluso pagué a los mejores médicos, pero su estado estaba muy débil, y me dijeron que ya no tenia cura, la única manera de que viviera más años, y que, a lo mejor  en el futuro encontraran la cura para la enfermedad, era convertirla en un vampiro. Busqué por todas partes para buscar un vampiro, pero cuando ya lo encontré fue demasiado tarde.
La expresión de Kiyoshi, desprendía mucha tristeza y odio. Eso me entristecía, agaché la cabeza, para que Kiyoshi no viera mi rostro, porqué capaz creería que me sentía mal por él, y eso le haría ponerse mucho peor, y eso no lo podía permitir.
- Señor Kiyoshi, ¿está usted bien? – Habló el mayordomo preocupado.
Levanté la cabeza y lo primero que vi fueron las lágrimas que resbalaban lentamente por sus mejillas. Me sorprendió mucho al verlo así, ya que siempre actuaba con firmeza y con elegancia, no lo olvidemos ese detalle. No sabía que hacer, no me gustaba que hacer, además me sentía culpable  por haber sacado el tema, y haberle obligado a recordar  esos dolorosos recuerdos. Solo se me ocurría una cosa. Me levanté y lo abracé. Vi que abrió los ojos, pero luego me abrazo  por la cintura, y apoyó su cabeza en mi abdomen. Le acaricié la cabeza, provocando un ambiente muy calido. Finalmente Kiyoshi se levantó, me cogió la mano y la pasó por su calido y suave rostro y le la besó dulcemente.
- Gracias…- Me sonrió.
- No… no es nada, gracias a usted. – me sonrojé.
- Umiko. – Dijo al fin.
- ¿Si señor?
- No hace falta llamarme ‘’señor’’ ni tratarme de ‘’usted’’. ¿Te gustaría ver el jardín?
- ¡Si claro! Si a ti no te importa…
- Insito. – Sonrió.
Me condujo a la entrada de la casa donde había una bonita mesa de jardin. Se veía un bonito paisaje, muy colorido.
- ¿Umiko, te gustaría comer aquí?
- ¡Si! Me encantaría me gusta mucho comer fuera.
- Bien entonces comeremos los dos aquí.
- ¿QUE? ¿Aquí los dos a solas?
- Si, ¿Qué problema hay?
- Ya no tengo hambre.
- ¿Eh como? ¿Hace un momento te daba mucha ilusión comer aquí y ahora no quieres?
- Prefiero dentro. –reí falsamente.
- Pues ahora comemos fuera.
- ¡No quiero!
- Lo dicho, dicho está. Ahora comeremos aquí. – Me obligó a sentarme en una de las sillas.
Refunfuñe, pero en ese lugar se sentía muy bien, no hacía ni frío ni calor. Se oía el cantar  de los pájaros, un canto muy dulce. Se respiraba un aire muy tranquilo. Este sitio había un par de árboles, eran cerezos. De vez en cuando caían lagunas flores.
- Señor la comida tardará un poco. – dijo el mayordomo a Kiyoshi.
- De acuerdo, ya te puedes retirar.
- Sí señor.
AL final me quedé a solas con Kiyoshi. Esa situación me ponía un poco de los nervios. Miré a Kiyoshi de reojo, y vi que me estaba mirando, eso me ponía mucho más nerviosa. Tenía que hacer algo. Finalmente me levanté y me fui debajo de los cerezos. Me fijé que había una pareja de pajaritos en una de las ramas.  Alcé mi mano lentamente hacia ellos para intentar que se posaran en mi mano. Conseguí que uno de ellos se colocara en mi mano. Bajé la mano y el pajarito comenzó a cantar. Sonreí. Me giré para ver a Kiyoshi, que me estaba mirando, con una mirada de ternura y una sonrisa amable, yo le sonreí, al ver esto volvió bajó la mirada hacia otro lado. Volví a dejar el pajarito a su rama.  EL viento hizo que cayeran flores de cerezo. Era hermoso. Empecé a dar vueltas sobre mi misa mientras caían las flores. Me tiré al suelo, estirada en la hierba, cerré lo  ojos, y cuando abrí los ojos, me encontré con la cara de Kiyoshi delante mío. Me levanté de golpe.
- Lo…lo siento. – Dije sin pensar.
Se rió
- ¿Estás bien? – Dijo él.
- Si… si es solo que me he mareado de tanto dar vueltas.
- Te pareces tanto a ella, hasta haces lo mismo que ella. – Susurró.
- ¿Decías algo Kiyoshi?
-No, nada. Me gustaría pedirte un favor.
- ¿Un favor?
  - Si. Podrías sentarte apoyada en ese árbol.
- Claro.
Le hice caso. Me puso donde él quería y acomodó su cabeza encima de mis piernas.
- ¿Qué… que  haces? – me sonrojé.
- Déjame estar un rato así.
Al principio me sentí muy incomoda, pero al final le dejé. Cerró los ojos, se quedó dormido. Le acaricié el pelo.
Entonces trajeron la comida.
-¿Uh, tú también comes?- le pregunté extrañada.
- Sí, claro, pero no es necesario que lo haga.
- ¿Entonces comes por comer?
- No, lo hago por ti, para que no te sientas tan sola.
- No hacia falta, no me importa comer sola.
- bueno, ¿que importa eso ahora? Es solo una escusa para estar solos los dos.
Me puse colorada y me sonrojé. Al final de comer Kiyoshi se tubo que ir a hacer unos asuntos  fuera de casa y yo me quedé en el jardín un rato más recogiendo flores silvestres.A la noche cuando me arreglaba para ir a dormir en la habitación, Hiroki entró, como siempre, como una bala. Él llevaba el traje de exterminador cosa que me alarmé un poco.  
- ¿Ocurre algo?
- Nos vamos. – Hiroki alzó el brazo para que nos fuéramos.
- ¿A que viene eso ahora? , yo estoy muy bien aquí.
- Es peligroso, además tú tienes trabajo que hacer.
- Aún tengo tiempo no me dijo el día exacto.
- Bueno como antes lo hagas mejor. – dijo apresurado.
- Desde cuando te importa lo que haga yo con mi vida.
- Pues yo te metí en este lío y ahora yo te saco y ya está.
- Que pasa si no me quiero ir.- le dije enfadada.
­- ¿prefieres estar aquí secuestrada sin poder salir nunca o que?
- No… ¿pero porqué te pones así ahora?
- Es imprente que estoy preocupado por ti y no quiero que te vayas con gente indebida.
- ¿Estás celoso o algo?
- ¡NO DIGAS TONTERIAS! ¡COJE TUS COSAS QUE NOS VAMOS YA! – dijo gritando y dio un fuerte golpe en la pared, nunca lo había visto tan nervioso.
- ¿Que está pasando aquí? – Dijo Kiyoshi que había entrado en la habitación enfadado.
- ¡NO PERMITIRÉ QUE LE HAGAS DAÑO A ELLA! ¡MALDITO MONSTRO!
- Hiro… cálmate no pasa nada…
- Tranquila, yo me ocupo de esto.
- Aquí no se va nadie. – grito Kiyoshi.
- Lo que tú digas, nosotros nos vamos de aquí.
Entonces Kiyoshi enfurecido agarró el brazo de Hiroki y se lo torció. Su mirada escalofriante de odio, hizo que sus ojos empezaran a brillar de un rojo escarlata muy intenso. Incluso mostró los colmillos. Hiroki con gritos de dolor, contraatacó mordiéndole el brazo. La sala acabó llena de sangre. Kiyoshi era muy fuerte, porque con un solo gesto  que hizo con la mano, perforó el pecho de Hiroki. Era una escena muy traumática, y yo no podía hacer nada, solo llorar y esperar a que todo acabara pronto. Hiroki herido me tendió la mano sonriendo y nos fuimos en mitad de la batalla, Hiroki no podía con él. Estuvimos  un buen rato viajando, pero al final llegamos a mi casa.

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