Me desperté a
media noche, estaba acostada en la cama, no recordaba como había llegado allí.
Me rugían las tripas, así que me levanté pero estaba todo oscuro, así que tuve
que guiarme por el tacto. Empecé a caminar por el pasillo, tropecé con algo,
pero tuve tiempo a agarrarme a la barandilla antes de que me cayera. Me seguí
guiando por la barandilla y vi que también había una mano agarrada
también a la baranda.
-¿Quién es? –
pregunté asustada.
-¿Señorita como
es que esta despierta a estas horas?- Respondió una voz de un hombre mayor.
- Si… es que no
he comido nada en todo el día y…
- Oh tranquila,
sígueme.
Mientras íbamos a
la cocina el mayordomo me comenzó a hablar.
- Siento mucho el
comportamiento de mi señor, pero es que no tiene mucha paciencia para este tipo
de cosas. Es un poco solitario ya que hace mucho tiempo que no tenemos muchas
visitas.
- ¿Tiene algo que
ver con el jardín? – le dije de una manera directa y muy poco disimulada.
- Si… algo que
ver. Señorita le ruego que no se acerque a ese lugar, por el bien de usted y el
señor.
Entonces decidí
sacarle información respecto a ese tema.
- Bueno, no pasa
nada supongo el me odia por molestarle tanto y ponerle de los nervios, seguro
que tiene ganas de me vaya. – repliqué haciéndome la victima.
- No es eso, es
que no le gusta que le compliquen las cosas, además, por si no lo recuerda, fue
él quien te encontró en el bosque inconciente. Él fue quien te llevo a su
hogar.
- ¿Porqué lo
hizo? ¿Y si por casualidad soy alguien peligroso que?
- Se ve que le
recordabas a su prometida.
- ¿Qué ocurrió?
-Ni yo mismo lo
sé, pero siempre se lo puedes preguntar a él.
- Ah… da igual,
se su respuesta.
- Sólo prueba.
–Rió.
Entonces comí y
me fui a la habitación. Me asomé a la ventana, y vi algo que se movía. Entonces
de repente sentí una brisa muy fuerte que traspasó mi cuerpo. Entonces grité:
- ¿Niño, tú estas
tonto o qué? ¡Al final me as metido en una casa de un completo desconocido!
-Bueno si te
hubiese dicho que no lo conocía me hubieras gritado como haces siempre. – Dijo
alguien.
Cuando me giré,
permanecía sentado Hiroki en la cama.
- Todo esto es
por tu culpa, ahora no puedo salir de aquí… - le grité enfadada.
Entonces me
agarró la mano.
-Es un lugar que
seguro que te gusta.
Un momento no me
digas que…
-Uh ¿ya has ido?
- Bueno, más o
menos.
Legamos en unos
instantes a la parte trasera del jardín de atrás que había un gran invernadero.
Entonces Hiroki forzó la cerradura de la puerta y los dos entramos. Parecía un
paraíso. Había un montón de flores y plantas, pero lo que dominaban en ese
lugar eran sobretodo las rosas blancas. Yo contemplaba con asombro y alegría mí
alrededor, pero a Hiroki no le parecía gustarle mucho.
- A lo mejor, el
señor Kiyoshi no es tan mala persona.
Hiroki, cambió de
expresión, y de una manera molesta respondió:
- Debería darle
vergüenza, crear estas cosas tan bellas. Me pone enfermo.
Entonces le vi
arrancar unas rosas del rosal. Entonces comenzó a estrujarlas, al extremo de
hacerse sangre, y al acto siguiente con sus propias manos, las quemó y las tiró
al suelo.
- ¿PERO QUE
DEMONIOS HACES? – Le grité enfurecida.
Acto siguiente
tocó una flor del rosal, que con un simple roce de sus manos corrosivas hizo
que también murieran quemadas. Entonces me miró comenzó a reírse, de una manera
muy descarada.
- Hiro, llévame a
mi cuarto ya, ¡quiero irme ya! – Dije gritando. No podía permitir que
destruyera más cosas.
- Pero porqu…
- ¡HE DICHO AHORA!
Al cavo de
pestañear unas cuantas veces ya estaba en mi habitación.
- Me voy a dormir
estoy cansada.
- Porqué te as
enfadado de esta manera, no es para tanto. – Dijo riendo.
- Eres imbécil,
como te atreves a ir por los sitios destruyendo cosas que a lo mejor soy
importantes para otros, es que no me lo puedo creer.
Cuando me giré me
di cuenta de que no había nadie en la habitación. Le llamé unas cuantas veces,
pero como no respondía, cerré la ventana, y me fui a dormir agotada.
aaaaah me gustaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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