domingo, 29 de abril de 2012

Capítulo 3


Me desperté a media noche, estaba acostada en la cama, no recordaba como había llegado allí. Me rugían las tripas, así que me levanté pero estaba todo oscuro, así que tuve que guiarme por el tacto. Empecé a caminar por el pasillo, tropecé con algo, pero tuve tiempo a agarrarme a la barandilla antes de que me cayera. Me seguí guiando por la barandilla  y vi que también había una mano agarrada también a la baranda.
-¿Quién es? – pregunté asustada.
-¿Señorita como es que esta despierta a estas horas?- Respondió una voz de un hombre mayor.
- Si… es que no he comido nada en todo el día y…
- Oh tranquila, sígueme.
Mientras íbamos a la cocina el mayordomo me comenzó a hablar.
- Siento mucho el comportamiento de mi señor, pero es que no tiene mucha paciencia para este tipo de cosas. Es un poco solitario ya que hace mucho tiempo que no tenemos muchas visitas.
- ¿Tiene algo que ver con el jardín? – le dije de una manera directa y muy poco disimulada.
- Si… algo que ver. Señorita le ruego que no se acerque a ese lugar, por el bien de usted y el señor.
Entonces decidí sacarle información respecto a ese tema.
- Bueno, no pasa nada supongo el me odia por molestarle tanto y ponerle de los nervios, seguro que tiene ganas de me vaya. – repliqué haciéndome la victima.
- No es eso, es que no le gusta que le compliquen las cosas, además, por si no lo recuerda, fue él quien te encontró en el bosque inconciente. Él fue quien te llevo a su hogar.
- ¿Porqué lo hizo? ¿Y si por casualidad soy alguien peligroso que?
- Se ve que le recordabas a su prometida.
- ¿Qué ocurrió?
-Ni yo mismo lo sé, pero siempre se lo puedes preguntar a él.
- Ah… da igual, se su respuesta.
- Sólo prueba. –Rió.
Entonces comí y me fui a la habitación. Me asomé a la ventana, y vi algo que se movía. Entonces de repente sentí una brisa muy fuerte que traspasó mi cuerpo. Entonces grité:
- ¿Niño, tú estas tonto o qué? ¡Al final me as metido en una casa de un completo desconocido!
-Bueno si te hubiese dicho que no lo conocía me hubieras gritado como haces siempre. – Dijo alguien.
Cuando me giré, permanecía sentado Hiroki en la cama.
- Todo esto es por tu culpa, ahora no puedo salir de aquí… - le grité enfadada.
Entonces me agarró  la mano.
-Es un lugar que seguro que te gusta.
Un momento no me digas que…
-Uh ¿ya has ido?
- Bueno, más o menos.
Legamos en unos instantes a la parte trasera del jardín de atrás que había un gran invernadero. Entonces Hiroki forzó la cerradura de la puerta y los dos entramos. Parecía un paraíso. Había un montón de flores y plantas, pero lo que dominaban en ese lugar eran sobretodo las rosas blancas. Yo contemplaba con asombro y alegría mí alrededor, pero a Hiroki no le parecía gustarle mucho.
- A lo mejor, el señor Kiyoshi no es tan mala persona.
Hiroki, cambió de expresión, y de una manera molesta respondió:
- Debería darle vergüenza, crear estas cosas tan bellas. Me pone enfermo.
Entonces le vi arrancar unas rosas del rosal. Entonces comenzó a estrujarlas, al extremo de hacerse sangre, y al acto siguiente con sus propias manos, las quemó y las tiró al suelo.
- ¿PERO QUE DEMONIOS HACES? – Le grité enfurecida.
Acto siguiente tocó una flor del rosal, que con un simple roce de sus manos corrosivas hizo que también murieran quemadas. Entonces me miró comenzó a reírse, de una manera muy descarada.
- Hiro, llévame a mi cuarto ya, ¡quiero irme ya! – Dije gritando. No podía permitir que destruyera más cosas.
- Pero porqu…
- ¡HE DICHO AHORA!
Al cavo de pestañear unas cuantas veces ya estaba en mi habitación.
- Me voy a dormir estoy cansada.
- Porqué te as enfadado de esta manera, no es para tanto. – Dijo riendo.
- Eres imbécil, como te atreves a ir por los sitios destruyendo cosas que a lo mejor soy importantes para otros, es que no me lo puedo creer.
Cuando me giré me di cuenta de que no había nadie en la habitación. Le llamé unas cuantas veces, pero como no respondía, cerré la ventana, y me fui a dormir agotada.

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