martes, 24 de abril de 2012

Capítulo 2

Me senté en la cama, la cabeza me daba vueltas, debió ser por el golpe que me di en la taberna.Me toque la herida.
-¡Aiii!-me dolía a la vez que me escocía.
No recordaba nada, solo que estaba en la taberna y luego que alguien me cogió. Me levante de la cama y abrí la puerta. Mire de un lado a otro. Era un pasillo amplio y oscuro. Empezó a caminar, aun mareada.
Oí que se abría una puerta me asuste y me apoye a la pared.
-Ya te despertaste.- Era una voz que me resultaba muy familiar.
Una figura se acercaba a mí, finalmente me di cuenta de que era Hiroki.
-¿Que haces aquí?- Empecé a notar que todo se  movía- No te muevas tanto.
-¿Eh?- dijo Hiroki
Empecé a verlo todo borroso, y me desmaye. Me desperté nuevamente en la habitación de antes.
Cuando abrir los ojos me encontré con la cara de Hiroki muy cerca mío.
-¡AAAAAH! Hiroki no me pegues esos sustos  jolín. ¿Donde estoy?
-Oye ni que fuera tan feo, hahahaha. Mmm...Prefiero no responder a la pregunta.
-¿Porque siempre haces lo mismo?...Ai...Mi cabeza...- me levante de golpe-Por favor tengo que hacer cosas importantes, yo no puedo estar haciendo el tonto por ahí.
-Estas en casa de un amigo-contesto frió.
-¡Hiroki no me digas que...
-Si solo haz tu trabajo, adiós.
-¡Hiroki no te vayas!-dije indignada.
-Tranquila te volveré a visitar-sonrió y saltó por la ventana.
Fui corriendo hasta la ventana.
-Hiroki vuelve, no me hagas irte a buscar-dije enfadada.
-No te preocupes volveré de aquí unas horas-Hiroki se alejaba muy rápido.
Me apoyé de espaldas a la ventana.
-¿Que no me preocupe? Tsh...Quién se preocuparía por él…-dije indignada.

Se abrió la puerta, y apareció un hombre.
-Veo que ya te has despertado. ¿Te sientes mejor?-el hombre.
-¿Porque todo el mundo pregunta lo mismo?-murmure.
-Decías algo...-me miraba.
-Eh? no, nada. Si ya estoy mejor, gracias. Siento que Hiroki te haya causado tantas molestias.
-No pasa nada, tranquila. Yo soy Kiyoshi, encantado.
-Igualmente,¿tu también eres como Hiroki? Me refiero a sus "virtudes" por así decirlo.
-Mas o menos, procura mejorar rápido.
-No no, yo ya me voy ya.- Dije apresurada.
-Si no quieres morir, es mejor que te quedes. Si te llega a pasar algo yo no te pienso ir a buscar.
-No creo que me pase nada, se cuidarme sola-insistí-A demás si me ocurre algo alguno  de mis compañeros me vendrá a buscar.
- Cuando Hiroki se canse de jugar contigo, te dejara tirada, a si que no cuentes con ello. La cena es a las ocho, procura presentarte o sino atiende a las consecuencias-Dijo serio creando la puerta con suavidad.
Pero que se piensa que es este hombre, tiene una borderia que no se la aguanta ni él. No soportaba que me trataran de esa forma, pero tenia razón aun me encontraba mal por culpa del golpe que me di, cuanto antes me recupere, más rápido me iré de esta casa. Decidí bajar un poco antes de las ocho para inspeccionar la casa. Era bastante grande, pero solo tenía dos pisos. Me esperé en la sala de estar, contemplando el gran jardín que se veía desde la ventana, un jardín muy bien cuidado, con muchas flores y adornos. Ese paisaje me daba mucha nostalgia y soledad.
-¿Ya estas aquí? No pensé que vendrías tan temprano. Se mostró sorprendido.
-Sí, lo siento, peor es que no tenia nada mejor que hacer-le respondí sin mirarlo.

-Bueno entonces esperamos juntos- y se sentó en un sillón alegado de mi a leer un libro.
El no era como Hiroki, Aparte de parece mas maduro y mas mayo, con un aire de soledad y tristeza, tan frió como el hielo. Sus movimientos eran elegantes y refinados, y vestía un traje victoriano de vete a saber de que año,  o siglo. Su peinado antiguo, con su cabello muy largo, parecía que se trataba de un conde. No podía parar de contemplarlo.
-¿Ocurre algo?-dijo lanzando una  mirada asesina.
-No nada, me gusta mucho tu jardín- dije cambiando de tema para disimular que me había pillado mirándolo.
Entonces el se sorprendió mucho y cerró el libro de golpe.
-¡El...el jardín?
Entonce vi que había metido la pata hasta el fondo. Parece un tema serio a si que me disculpe. De verdad que me sentí mal por su reacción.
-No pasa nada, no te preocupes-dijo poniéndose las manos en la frente apartándose el pelo.
Entonces miró el jardín y cara de odio de transformó en una cara triste, con una leve sonrisa. 
¿Qué le pasaba a ese jardín? Me moría de curiosidad pero sabía que si se lo preguntaba, él nunca me respondería. A sí que estuve un rato pensando como quitarle es información de una manera indirecta.
Volví a mirar el jardín, tenia que averiguar que tenia de extaño. Volví a mira al señor Kiyoshi, su expresión era triste y a la vez de odio. Lo mire apenada, seguramente le hice recordar algo que no quería, me sentía culpable. Agache la cabeza, que más podría hacer, no soportaba ver esa expresión.
-¿Te pasa algo?- Kiyoshi se acerco a la ventana.
-¿Eh? No, no pasa nada-dije mientras me alejaba de él.
Me fui de la sala de estar, debía encontrar una salida que llevara al jardín. Al final la encontré, salí. Empecé a caminar, había una niebla muy espesa y fría. El jardín tenía algo que me provocaba soledad, tristeza y nostalgia, todo mezclado en uno.
-Umiko- Oí que alguien me llamaba.
-¿Quién es?-pregunte asustada.
-Haz el favor  de entrar, aquí no tienes nada que hacer-contesto enfadado.
-¿Señor Kiyoshi? ¿Es usted?- no conseguía verlo por culpa de la niebla.
Entonces alguien me toco el hombro. Sentí un tremendo escalofrio y grité. Entonces me giré y vi que efectivamente era él.

-¿Que haces aquí? si te dan miedo estos sitios, mejor no te acerques.
-Pero no me da miedo el sitio, ¡el que me ha asustado has sido tú!
-Di lo que quieras, pero por tu osadía e ignorancia te prohíbo volver a este lugar. Vamos.
-¿Porqué? No he echo nada malo. -repliqué.
-Veté a tu cuarto no quiero hablar más.
-Como dese, señor -dije con tono vacilón.
Me fui a mi cuarto muy enfadada y cerré la puerta de un portazo. Me tiré encima la cama y me puse a pensar.
¿Porqué no podía estar en ese lugar? ¿Que hay allí que yo no pueda ver? y lo más importante ¿Porque el señor Kiyoshi me trataba así de fríamente y con esa seriedad?
De verdad que no lo entendía. Me giré y me quede mirando el techo. Llamaron a la puerta.
-¿Quien es?
-Soy yo, ¿puedo entrar?
-Déjame pensar...-dije con tono vacilón-¡NO!
La verdad que en ese momento era la última persona que quería ver, después de como me había tratado.
-¡Voy a entrar!- el pómulo de la puerta giro lentamente.
-He dicho que no puedes entrar, que es lo que no entiendes. Lárgate- dije muy cabrada tanto que tire la almohada contra la pared.
Se abrió la puerta.
-Toma- cogió mis manos y me dio un té verde. Me sorprendí, y ahora es amabilidad de donde había salido. No lo entendía. Entonce cuando iba a darle un sorbo reaccione y le dije.
-¡Qué le has echo?
-¿Qué hecho el que?
-No te hagas el tonto, que no te pega. ¡¿Que le pusiste?!
-No le e puesto nada.

-¡Júramelo! no me fió de ti.
-Calla y bébetelo.
-No quiero.
-¡QUE LO HAGAS!
-¡NOOOO!
-Pero que estúpidos sois los  humanos. Si no te lo bebas ahora haré que te lo bebas a la fuerza.
-¡Te he dicho que no quiero! ahora sí estoy segura que le has puesto algo.
- ¡Cállate, te he dicho que no!
-¡Aaaah déjame! - Y me fui corriendo detrás de una mesa para que fuera más difícil de agarrarme.
-¡Ven aquí! - Y se qué corriendo al otro extremo de la mesa.
- Oblígame. - Dije riendo, mientras dábamos vueltas al rededor de la mesa.
- ¡Ven aquí, no te escapes!
- ¡Que divertido!
- Te voy a coger microbio. - Me dijo él en tono burla.
- Microbio ¿yo?
Al final de tantas vueltas intentando pillarme comenzó a reír, estuvimos un buen rato jugando a eso.
-¿Señor que está haciendo?- Dijo el mayordomo que había entrado hace rato en la habitación y nos vio a los dos jugando como niños.
Kiyoshi se puso rojo, y para disimularlo, se acomodo la ropa, se aclaró la voz y bajó la cabeza.
Empecé a reírme.
Te han pillado. – le dije burlándome.
Él me lanzó una mirada asesina y me escondí debajo la mesa. Pero Kiyoshi me agarró, cogiéndome como un saco de patatas. Empecé a gritar y ha darle golpes en la espalda.
-¡Bájame! ¡Suélame!
Pero aunque gritara, no me soltaba, el mayordomo empezó a reírse, con educación y elegancia, porque aquello parecía un espectáculo.
- ¡No tiene gracia! ¡Ayúdame!
- No grites, sabes que no te voy a soltar asta que te tomes el té. –Dijo seriamente.
- Si no me necesita, me retiro con su permiso.
- ¡No se vaya! ¡Ayúdame!
-¿No me vas a soltar? – le dije mirándolo fijamente a los ojos.
-Ya sabes lo que tienes que hacer. – miró a la taza de té.
-Vale… Tú ganas.
Me bebí el té, de esta manera se callaría. Empecé a notarme cansada, cada vez más, hasta el punto en que me desmayé encima de los brazos de Kiyoshi.

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